Hacer fila por amor, el compromiso de una madre con su hija
Mientras habla de su hija, su voz se quiebra.
Llora al describirla y vuelve a llorar cuando explica por qué está ahí. No es cansancio lo que la mantiene firme en la fila, es el amor.
“Pienso en ella”, dice. “En su educación, en su futuro, en no perder la oportunidad de darle un lugar.”
Cuenta que eligió esta escuela porque la considera buena y porque está cerca de donde viven.
No busca privilegios, sólo una oportunidad. No tiene conocidos dentro, no tiene a nadie que la respalde. “Estamos solos, mis hijos y yo”, confiesa, sin dramatizar, como quien ya aprendió a resistir.
Es madre de cuatro. Ha luchado por todos. Esta vez le toca a la más pequeña. Reconoce que no tiene posibilidades de pagar una escuela privada, pero sí tiene voluntad. “Mientras yo pueda, lo haría una y otra vez”, afirma.
Para ella, estar ahí es una forma de enseñar: que las cosas cuestan, que los sueños se pelean.
Habla del miedo a quedarse sin ficha, de la incertidumbre que la acompaña desde hace días, de la preocupación por los hijos que dejó en casa y por un adulto mayor que también depende de ella.
Lo que más desea no es celebración, es tranquilidad. Saber que su hija tiene un lugar.
Cuando piensa en lo que recordará de estos días, menciona el frío, la espera, las vueltas en la cabeza buscando cómo resolver todo. Está preparada para pasar la noche como sea necesario, con cobijas, un banquito y paciencia. No es fácil, lo sabe, pero quedarse en casa tampoco era opción.
Al describir a su hija, su rostro cambia. La llama tranquila, inteligente, noble. “Es un amor”, dice, y vuelve a llorar. Sueña con ser veterinaria, porque ama a los animales, porque en casa siempre ha habido perritos, aves, tortugas. Porque su corazón es así.
“Si pudiera decirle algo en este momento, sería que le eche ganas, que estudie, que no suelte sus sueños. Que algún día entienda que todo esto —el sol, el frío, la espera— fue por ella.”
En esta fila no sólo hay padres esperando una ficha. Hay historias de amor silencioso, de sacrificios que no se publican, de madres que llegan temprano porque el futuro de sus hijos no puede esperar.
