Doña Fela tejió igualdad para cientos de niños
Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Felicitas Martínez, conocida como doña Fela, confeccionaba vestidos para las niñas que asistían a sus clases de catecismo. Los niños llevaban pantalón de mezclilla y camisa. Quería que la ropa no marcara diferencias dentro del grupo.
“No importaba si alguno tenía ropa de marca y otro no tenía nada. Todos iban iguales. Quería que ninguno se sintiera más que otro”, recuerda.
Doña Fela tiene 71 años y dedicó más de cuatro décadas a enseñar catecismo y acompañar a cientos de niños de distintas colonias de Ciudad Victoria.
De un patio a la iglesia
Nació en el ejido San Francisco, municipio de Jaumave. Llegó a Ciudad Victoria cuando tenía siete años y vivió primero por el rumbo del Camino Real. Después, su familia se estableció en la colonia Gutiérrez de Lara, donde formó su hogar.
Cuenta que su acercamiento a Dios surgió de las experiencias que vivió. Aunque entonces no conocía la Biblia, sentía que Dios se manifestaba de distintas maneras.
En 1981, recién casada y mientras vivía en la colonia Gutiérrez de Lara, comenzó a observar a los niños que jugaban en las calles. Algunos andaban descalzos y otros no tenían juguetes, pero ella los recuerda siempre felices.
“Yo dije: ¿por qué no reunirlos para ofrecerle flores a la Virgen María?”, recuerda.
Primero los reunió en el patio de su casa. Conforme el grupo creció, comenzó a caminar con ellos hasta la iglesia de San Isidro Labrador para asistir a misa.
Atravesaban distintas colonias hasta llegar al templo, donde, según recuerda, el sacerdote ya los esperaba para celebrar la eucaristía.
Doña Fela daba clases los sábados por la mañana. Los domingos acudía con los niños a misa. También los preparaba para recibir los sacramentos y organizaba peregrinaciones, danzas y otras actividades religiosas.
Por sus grupos pasaron niños de las colonias Los Pinos, Tamatán y Echeverría, así como del centro de Ciudad Victoria y otros sectores cercanos.
Una misión compartida
Juan de la Cruz Martínez, esposo de doña Fela, fue su principal compañero en esa labor.
“Todo lo hablaba primero con él. Siempre me apoyó”, cuenta.
Cuando había actividades, Juan transportaba a los niños en una camioneta. Juntos realizaron numerosas misiones para llevar ayuda y convivir con familias de distintas comunidades.
La pareja dedicó su luna de miel a realizar labor misionera.
“No tuvimos una luna de miel como muchos. Nos fuimos a unos ranchitos a llevar ropa, dulces y ayuda. Esa fue nuestra luna de miel, la más bonita, y no me arrepiento”, relata.
El regreso pendiente
Doña Fela dejó de dar catecismo hace cuatro años, después de la muerte de Juan. Intentó volver pocos días más tarde, pero la ausencia de su esposo cambió su manera de vivir los lugares y las actividades que habían compartido.
“Es un proceso. Hay lugares donde siento que todavía lo veo esperándome”, expresa.
Aunque dejó las clases, asegura que nunca ha dejado de servir. Algunos de aquellos niños, ahora adultos, todavía la buscan para saludarla o pedirle consejo.
Según cuenta, varios formaron sus propias familias, otros encontraron una vocación religiosa y algunos continúan colaborando en la Iglesia.
“Si algo bueno quedó en ellos, no fue por mí; fue Dios quien habló a través de mi trabajo”, afirma.
Doña Fela no descarta volver a servir en la Iglesia cuando se sienta preparada.
“Quiero morir sirviendo a Dios. No importa si es en catequesis o en cualquier otra área, pero quiero regresar.”
