Da gracias por ver a su único hijo convertirse en sacerdote
“No quiero llorar antes de la misa”, dijo la señora Fabiana Hernández minutos antes de la ceremonia de ordenación sacerdotal de su hijo Aldo de Jesús Hernández Hernández.
El coro de la catedral del Sagrado Corazón de Jesús ensayaba un canto litúrgico, que aumentaba la emoción de la entrevistada.
Ella aclaró que las lágrimas, que seguramente derramaría durante la misa, no serían de tristeza porque su único hijo varón no le daría nietos pues, al contrario, lloraría de alegría al verlo cumplir su sueño de consagrar su vida a la iglesia de Cristo.
Aseguró que ella y su hija Fabiola siempre respetaron la decisión de Aldo de Jesús de pertenecer desde niño a los grupos de la parroquia de la Divina Providencia de la colonia Adolfo López Mateos, así como también de acudir seguido a las misas.
Desde que era adolescente intuyeron que sería cura por lo que, cuanto les dijo que iba a ingresar al Seminario de Victoria para iniciar su formación sacerdotal, no se sorprendieron.
“Ya lo veía muy dedicado y entregado (a la iglesia)”, externó.
Quince minutos antes de la misa de ordenación presidida por el obispo Oscar Efraín Tamez Villarreal prácticamente todas las bancas de la catedral estaban ocupadas por feligreses, mientras el coro seguía entonando dulces alabanzas desde el balcón de la entrada principal.
La entrevistada recalcó que nunca cuestionó la vocación de Aldo de Jesús, al contrario, siempre la apoyó y alentó.
Hace diez meses, el joven se convirtió en diácono; y ahora estaba recibiendo el grado de presbítero.
“Esa es una gran bendición de Dios y yo con mucho gusto lo acepté; y agradezco a Dios por esa gran bendición que nos dio”, declaró.
“Es una gran bendición para la familia y pues para el pueblo”, abundó.
