Canelita cambió las carpas del circo por los pasillos del panteón
Ciudad Victoria, Tamaulipas.— Cada mañana, alrededor de las 8:00, Manuel de la Rosa llega al panteón del Cero Morelos con una escoba y un azadón. Recorre los pasillos en busca de familias que necesiten limpiar las tumbas de sus seres queridos y recibe lo que puedan pagarle.
En una buena jornada reúne hasta 200 pesos. Hay días en los que termina a la 1:00 de la tarde sin haber ganado nada.
Entre quienes visitan el camposanto, algunos lo conocen como Manuel. Otros todavía lo llaman Canelita, el nombre que adoptó cuando tenía aproximadamente 17 años y comenzó una trayectoria como payaso que se prolongaría durante unos 13 años.
Originario de Cadereyta, Nuevo León, Manuel llegó siendo muy joven a Ciudad Victoria. Su madre le pidió que dejara su lugar de origen para comenzar una nueva etapa junto a ella en la capital tamaulipeca.
Su primer empleo fue en una empresa dedicada a fabricar escobas y trapeadores. Tiempo después, su padre, quien también era conocido como el payaso Canelita, lo acercó a ese oficio.
Según recuerda Manuel, la idea de formar una agrupación habría surgido de una recomendación de Cepillín, quien sugirió a su padre crear un grupo de payasos e integrar a uno de sus hijos.
Manuel se incorporó a aquella agrupación y comenzó a ser reconocido con el mismo nombre artístico de su padre. El grupo llegó a reunir alrededor de siete participantes, quienes ensayaban en la colonia México antes de presentarse ante el público.
Con el tiempo, el maquillaje, el vestuario y el nombre de Canelita se volvieron parte de su identidad. A sus 42 años, todavía encuentra personas que lo reconocen más fácilmente por su personaje.
Tras aproximadamente 13 años como payaso, dejó las presentaciones y buscó otras formas de ganarse la vida. Un conocido le recomendó acudir al panteón con una escoba y un azadón para ofrecer la limpieza de tumbas.
La recomendación se convirtió en su ocupación. Desde hace aproximadamente seis o siete años trabaja de manera constante en el camposanto, durante las celebraciones del Día de Muertos y el resto del año.
Manuel explica que enfrenta convulsiones desde pequeño y debe tomar diariamente carbamazepina de 200 miligramos. Procura mantener el tratamiento, aunque en ocasiones tiene dificultades para conseguir el medicamento.
Recuerda que, mientras trabajaba como velador en una maquiladora, sufrió una convulsión y perdió el conocimiento. Una ambulancia tuvo que trasladarlo a un hospital.
Actualmente reconoce que no siempre cuenta con los recursos económicos o el respaldo familiar necesarios para conseguir su tratamiento.
A la 1:00 de la tarde concluye su jornada. Algunos días se lleva hasta 200 pesos; otros, nada. A la mañana siguiente vuelve al panteón con su escoba y su azadón.