LOS CINCO DEL 68

A la memoria de Héctor Cuadra, colega y amigo.
 
Conmemoremos los 100 años de Luis Echeverría Álvarez recordando que él representa al México de la opacidad y la impunidad al cual se ha enfrentado una sociedad que se empeñó y logró esclarecer quién había ordenado la masacre de estudiantes, soldados y civiles del 2 de octubre de 1968.

Las principales decisiones sobre la política de represión y cerrazón al diálogo con los estudiantes de 1968 las tomaron cinco varones, tres generales y dos licenciados. En las Memorias inéditas de Gustavo Díaz Ordaz nos enteramos -gracias a Enrique Krauze- de su pensar y sentir sobre los estudiantes: "hijos de la chingada", "parásitos chupasangre", "pedigüeños", "cínicos", "¡Carroña!". El Presidente ordenó difundir la versión de que los estudiantes habían iniciado los disparos para provocar el caos y luego añadiría que deseaban hacer "suya la plaza de las Tres Culturas con el objetivo de tomar la Secretaría de Relaciones Exteriores".

El entonces jefe del Estado Mayor Presidencial, el general Luis Gutiérrez Oropeza, redondeó la acusación diciendo en uno de sus dos paranoicos textos que cuando se apoderaran de la Cancillería los líderes del Movimiento formarían una "Junta de Gobierno, misma que en la primera oportunidad se pediría que fuera reconocida por países socialistas y comunistas".

El secretario de la Defensa, el general de división Marcelino García Barragán, estaba furioso porque se afianzó la versión de que el Ejército había asesinado a sangre fría a civiles desarmados. Se desquitó escribiendo un largo texto que uno de sus nietos entregó en 1999 a Julio Scherer, director de Proceso. Entonces supimos la verdad sobre la masacre de Tlatelolco: por órdenes del Presidente, el general Gutiérrez Oropeza envió "diez oficiales armados [a] los diferentes edificios que daban a la Plaza de las Tres Culturas [...] con órdenes de disparar sobre la multitud ahí reunida".

Se desconoce si el capitán Fernando Gutiérrez Barrios, director de la Federal de Seguridad, escribió memorias, pero contamos con los miles de informes que firmó. En ellos está la evidencia de que distorsionaba los hechos para culpar a los jóvenes y alimentar la paranoia presidencial.

El secretario de Gobernación de Díaz Ordaz es un caso aparte. Poco después de iniciada su campaña a la Presidencia, Echeverría se desmarcó en noviembre de 1969 guardando un "minuto de silencio por los estudiantes y los soldados muertos en Tlatelolco". Cuando llegó a la Presidencia decretó la creación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, que trajo consecuencias no buscadas para él. El Conacyt ha formado a miles de investigadores, algunos de los cuales contribuyeron al esclarecimiento de lo acontecido durante el 68 y la Guerra Sucia. Uno a uno, se fueron desgarrando los sudarios de silencio sobre el 68.

Echeverría es el único superviviente de los cinco varones del 68. Es, además, abanderado del hermetismo y la impunidad. Su actitud y métodos quedaron demostrados en 1998 cuando una comisión de diputados se presentó en su domicilio para interrogarlo sobre esos temas. El reportero de Reforma Jorge Camargo escribió una crónica memorable al respecto (4 de febrero de 1998).

Instalado en uno de sus equipales, relató a la multitud apiñada en un salón de su residencia los "antecedentes del 68, de la Guerra Fría, de sus viajes a China y Canadá, de las tendencias económicas mundiales, y se fue de largo... se pasó de largo. Divagó". Cuando terminó con su alocución, los representantes del Poder Legislativo pidieron que "salieran los periodistas e invitados para iniciar la sesión [formal] de preguntas". En ese momento Echeverría se levantó y dirigiéndose a los representantes del Legislativo les propuso verse "otro día. Desayunamos mañana, cuando quieran, con la cabeza fresca... ahí me avisan". Nunca llegó ese día.

Echeverría cumplió 100 años creyendo salirse con la suya. Una y otra vez ha repetido que él no sabía nada sobre Tlatelolco, la masacre del 10 de junio de 1971 y la Guerra Sucia. Su versión es ignorada porque los gobernantes dan su versión de los hechos, pero la historia que termina prevaleciendo es la de los historiadores. En México hemos conquistado la verdad, pero falta justicia. Hacia Echeverría y los otros ex presidentes sigue la amnistía de facto.