Necedad en el fracaso

Leí ayer en El Universal, un magnífico trabajo del corresponsal en Ciudad Victoria, Roberto Aguilar Grimaldo, en el que aborda el déficit de Policías en Tamaulipas. Refiere que suman 7,300 elementos los que se requieren para atender las necesidades de la entidad.

Detalla que,  ante ello, actualmente, Fuerza Tamaulipas, la corporación del Gobierno del Estado, se hace cargo de la seguridad en los 43 municipios con apenas 2,700 policías, más el apoyo del Ejército, la Marina y la Policía Federal.

La investigación enumera, además, las razones por las que no se ha podido abatir el déficit de policías. Una de esas causas es la rigurosidad de los exámenes de control y confianza, y la otra es el desprecio social hacia la labor policial. Pocos o casi nadie se interesan por ingresar a una corporación de seguridad pública.

El tema no es nuevo. Aquí lo hemos abordado en al menos tres o cuatro ocasiones, porque la escasez de policías lleva al menos siete años.  

Sin embargo, las administraciones estatales siguen haciendo lo mismo para tratar de resolver el problema y la consecuencia lógica es de que ante esa reiteración, obtengan los mismos resultados de fracaso.

No se pueden obtener resultados diferentes cuando se aplica la misma estrategia.

En lo personal, creo que ahí es donde ha fracasado el reclutamiento policial, en la necedad de no querer buscar nuevas alternativas.

Preocupados e interesados en el tema, hace algunos años me di a la tarea de indagar cómo le hicieron otras entidades del país para resolver su carencia de policías. Me llamó particularmente la atención lo hecho por el Gobierno de Nuevo León.

Le cuento: frente al abrumador déficit de policías, el Gobierno del Estado vecino, optó por ir a las escuelas preparatorias para ofrecerle trabajo a los muchachos a punto de egresar.

Pero no sólo les ofreció buenos sueldos, seguros de vida, vivienda, servicios de salud de calidad, y becas para sus hijos, sino que, como principal atractivo, les garantizó que una vez que aprobaran la evaluación y el examen de formación policial, les subsidiaría el pago de una
licenciatura.

De hecho, les puso como una condición para mantenerse en la Policía, el cursar una carrera universitaria.

El resultado fue inmediato: el Gobierno neolonés comenzó a recibir una cascada de ingresos a sus policías, y de esa forma en pocos años logró subsanar su déficit policial.

En el caso de su Procuraduría General de Justicia, el Gobierno vecino redujo la escolaridad exigida para los aspirantes a formar parte de la Policía Ministerial.

En vez de licenciatura les fijó el requisito en el nivel preparatoria, pero con la misma condicionante de asumir el compromiso de cursar una licenciatura una vez que estuvieran dentro de la corporación. Aquellos que no concluyeran la carrera en cinco años estarían fuera automáticamente.

De esa manera, Nuevo León superó su problema. ¿Por qué no imitar la estrategia para Tamaulipas? Es tiempo de hacer algo diferente para obtener resultados diferentes.

ASÍ ANDAN LAS COSAS

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